WISTERIAS EXPLOSIVAS

En los primeros días de Marzo, expectativa de Primavera y postrimería de un Invierno que no se rendirá aún como si fuera calenda griega, y sobre los muros de piedra de mi casa de aldea explosionaban las vainas leguminosas de mis glicinias.

Estaba en la acuarela de alguno de mis árboles y la puerta de casa abierta al sol, al regato del Regaldía que recorre la Aldea y al vuelo de las primeras limoneras, cuando tuve que interrumpir el color del agua para salir. Venía escuchando unos ruidos a los que no conseguía dar conocimiento, a modo de aquellas pequeñas “bombetas” forradas en papel que siendo chavales estrellábamos contra el suelo del patio de nuestro colegio…Maravillas.

Desde el patio exterior que fuera era, traigo guiada sobre la fachada al sur la liana de dos wisterias. Desde el pasado Verano penden de su curso mural las vainas aterciopeladas en verde en que las abejas melíferas y tornasolados abejorros, convirtieron los aromas dulces de sus flores. Los primeros fríos del tardío y el relente del barranco pintaron de gualda las hojas y en parda pana la áspera borra de la leguminosa que así colgantes, como murciélagos de la cueva y mina Marte, permanecieron los siguientes meses de la Otoñada. Las rachas de viento que tumbaron los álamos y no los fresnos en la umbría, también se llevaron algunos pendientes. Otras cayeron y se abrieron a modo de caparrón alcanzada su sazón. Muérdago en los majuelos y maguillos.

Y hoy, antes de los primeros brotes y como deshaucio ya improrrogable, el Sol hacía reventar las pocas fabes que restaban suspendidas. Así he podido ver cómo estallaban las vainas abriendo sus pieles crujientes y simétricas y despidiendo sus semillas planas, esféricas y anaranjadas a varios metros de distancia. No hay puchero posible con éllas pues son tóxicas y si las germinamos, las plantas resultantes tardarán años en florecer. Si logramos nuevos ejemplares mediante acodos, tardaremos menos en volver a oír el zumbido de los abejorros sobre sus flores de lilas, índigo, glastos y añil.

Mi viejo perrillo anda estos días en anhelos amatorios, suspiro de lances imposibles con la primavera de alguna perra inalcanzable antes y ahora.

Ayer no sabía como entrar en casa. Como un chiquillo llegando tarde a casa y con las rodillas sucias después de un partido de fútbol memorable en ese patio del mismo Colegio.

San Antón,  nueve de Marzo de MMXVII.