VILAPLANA, CUANDO LA MÚSICA ES CONMOCIÓN

LOS COLORES DE JOSÉ RAFAEL PASCUAL VILAPLANA

Al Director, al Compositor, al Músico
Al Artesano, al Artista, al Hombre
CUANDO LA MÚSICA ES CONMOCIÓN

Sucedió en la anochecida del sábado pasado, en la sala de Música de Cámara del Auditorio de La Rioja –RiojaForum-, de Logroño, cuando la nieve lleva días iluminando la noche de las sierras riojanas. Un pasodoble para Bilbao me llevó hasta La Ría y hasta la sede de la Banda Municipal Bilbaína para conocer a José Rafael Pascual Vilaplana. Nunca había tenido ocasión de ser recibido en un despacho sin litigios escritos, sin demandas reivindicativas, sin querellas de jactancia, sin pretensiones aliadas de togadas tutelas…

Al otro lado de la mesa, esta vez, sólo la grandeza, la Humanidad, la sonrisa, la amabilidad, la hospitalidad, la palabra en la cadencia entrañable y en la certera expresión de José Rafael Pascual Vilaplana. Y sobre su mesa… sólo partituras de Música y sólo pasado, presente y futuro de Conciertos. Allí nació nuestra Amistad en su acepción de afecto personal, puro y desinteresado que recíprocamente nos procuramos desde entonces. La amistanza con Vilaplana es sin embargo, Dación generosa, la suya, porque es inalcanzable para mi reciprocidad. Y además rehuye el halago y la lisonja. Y lo hace con autenticidad, sin ambages.

Tan sólo entiende de trabajo, de tenacidad, de perseverancia y de excelencia, la que atesora y la que logra aprehendiendo de los Maestros y Magisterios de antes y ahora.

Vilaplana se presentaba en Logroño y en La Rioja por primera vez, el pasado sábado, en la luz de la Luna de Invierno más brillante.

Sugirió tres alternativas: la Música de la Pintura, La Música de la Literatura y La Música para la Reflexión. Y ésta última fue decidida para el debut. Las otras dos, las encarezco para las próximas ediciones, porque así lo requirió el público riojano puesto en pié para aplaudir a Vilaplana y a los Músicos que integraban la Banda Sinfónica de La Rioja en que forman Profesores y Alumnos de los Conservatorios de Música de Haro, Logroño, Calahorra y del Conservatorio Superior de Música de La Rioja. Gracias a la inquietud, sensibilidad y acierto de Aurelio Fernández Velilla y a Miguel Catalá, Director y Presidente, respectivamente de la Banda Sinfónica tuvimos ocasión de la conmoción  “causa musicae”

ELEGY FOR A YOUNG AMERICAN, de Ronald LO PRESTI, composición dedicada a la memoria del presidente John F.Kennedy, rompió el silencio en la apertura del programa seleccionado por Vilaplana, para que la Banda Sinfónica interpretara el poderío de la sonoridad con todos los instrumentos en liza y en una punzada certera que ya nos anunció que el sosiego o la audición embelesada no tendrían lugar.

En homenaje a Rosa Parks, se interpretó A MOVEMENT FOR ROSA, de Mark CAMPHOUSE, en los pentagramas de La Música al servicio de la causa contra la intolerancia, el racismo y la exclusión que practican los más miserables y cobardes y que encontró en una mujer negra de Alhabama y en un asiento reservado para blancos de un autobús en Montgomery, la persona y el lugar para una partitura de blancas y negras que nos hizo pasar por todas las zozobras posibles, desde el dramatismo al horror, del silencio a la agresión, de la rabia a la postración, del sollozo a la angustia… hasta que la emoción logró encontrar en nuestros ojos el camino de la glera desbordada. Nuestras manos no encontraban, sin embargo, el gesto del aplauso. La conmoción atenazaba nuestros cuerpos. Pudo ser. Y también luego el “bra-voooo” que alumbró mi alma desbocada en un grito entrecortado y sin embargo, clamoroso y agónico.

“Mi nombre es Marianela…” anunció y enfatizó la actriz Carmen Climent cuando OSCAR FOR AMNESTY en La Música de Dirk BROSSÉ, nos presentó a otra mujer, la abogada salvadoreña Marianela García Villas, inmolada en brutal y cobarde asesinato por su heróica defensa de la causa en pro de la igualdad de la Mujer y de los derechos Humanos. Carmen Climent se desdibujó fantasmalmente entre los músicos y atriles, sin que su deambular sobre tal inopinado escenario rimara con la música. Nuestra atención se veía asaltada por la silueta frágil y sin embargo titánica, de la danza descalza de Carmen, y reclamada por La Música trepanando la consciencia y la inconsciencia de cuantos ya no asistíamos a lo que estaba sucediendo en la Cámara, pues nos veíamos literalmente transidos y vapuleados por el viento desolador de la soledad en que el drama nos viajaba. La batuta de Vilaplana se había hecho lanza,  los Instrumentos y los Músicos, ejército y gesta. Marianela y Carmen eran Una. La Pasión fue luego Muerte en el cuerpo postrado, inerte y en alba mortaja del vestido de blanco luto de “Carmenela” yacente.

En un gesto de inmensa dulzura, Vilaplana tendió su mano a Marianela antes de que se disipara su alma en los últimos compases y alientos del drama y de la liturgia que hizo de la ausencia, presencia para volverse al Cielo y a la Tierra de El Salvador.

Sabía muy bien Vilaplana lo que Él nos había sucedido en todos nosotros, sabía certeramente hasta donde nos había conmovido. Si nuestro cuerpo estaba asentado nuestro Ser, desvencijado, hecho un pelele, un inerme monigote no lograba recomponerse. “Las Músicas para la reflexión” habían excedido lo presentido y ahora ya se brazeaba en el desconsuelo y en la infinita tristeza. Lo sabía Vilaplana. Y entonces se agarró al atril, reposó la batuta, alzó su mirada al cielo y su garganta también emocionada pulsó la armonía de su voz para hacerla también instrumento de una oración. Para poder llorar nuestro desconsuelo y que el luto pudiera enjuagar el drama, presentó el REQUIEM de David MASLANKA, interpretado en esta Sala de Música de Cámara y que Vilaplana dirigía por primera vez acaecida la muerte de su Amigo y Maestro MASLANKA. Por primera vez en este concierto inenarrable, Vilaplana solicitó, sin pedirlo, nuestra compañía y nuestro espaldarazo para levantar la batuta.

La Obra del maestro americano es compuesta para la evocación de las víctimas del Holocausto nazi durante la II Guerra Mundial. Vilaplana se hizo humano, sin haberlo dejado de ser en momento alguno y nos dejó ir a su lado. En su alocución emocionada y contenida, sus palabras no me impidieron observar su rostro embargado por un rictus de añoranza implorante de consuelo en la memoria huérfana del Ser de Maslanka al que vimos abrazado a Vilaplana. Se recompuso y se dejó llevar.

EPILOGUE: “Lest we forget” de Robert W.JAGER para memoria del horror de la guerra y conmemoración del final de la II guerra Mundial, ofrecieron ocasión a Vilaplana para el alegato y la exhortación, para la Luz y para la Paz. Lo hizo con la delicadeza de una dicción transparente, pautada, serena e intencionada. Señaló La Música y a los Músicos de la Banda Sinfónica de La Rioja en particular y a las Bandas de Música en general, bajo su “Contemporaneidad”, como un baluarte de Cultura y Progreso, como un instrumento de Comprensión y Crecimiento individual y colectivo. Encareció el aprecio, el cariño, el apoyo incondicional y la defensa de la Banda Sinfónica de La Rioja como lo que es, un verdadero tesoro humano y cultural.

Nos abrazó en ejercicio de una Humanidad inconmensurable cuando nos explicó las causalidades de La Música que había escogido y dirigido para este concierto singularísimo, en un exordio definitorio del oficio de La Música como ejercicio de Artesanía y Arte de Humanos, de Hombres y Mujeres enamorados de La Música. Pero si la talla humana de Vilaplana ya se había evidenciado de patente sobremanera, fueron sus palabras para los músicos riojanos que había dirigido las que nos hicieron ponernos en pié para dedicar nuestro entrañable cariño y admiración a Vilaplana. Los Músicos de la Sinfónica de La Rioja reiteraban su aplauso al Director palmeando sobre sus cuerpos e instrumentos el reconocimiento al liderazgo de un hombre sencillo que gana las voluntades mediante la férrea convicción de que el trabajo y la dedicación, el perfeccionamiento y la entrega, la sensibilidad y la sabiduría son las armas de la ejemplaridad, la suya.

Vilaplana se fundió con sus Músicos de la Banda Sinfónica de La Rioja en el abrazo de los talentos y de los corazones.

En mi Música hablo igual como artesano, como artista y como hombre” decía Amando Blanquer amigo añorado de Vilaplana, quien encuentra en estas palabras su mejor tarjeta de presentación como Músico.

“…La Música debe pisar la tierra y el barro, porque es en la tierra y el barro donde los hombres levantan los más bellos edificios y construyen también sus más altos destinos…” escribió Carlos Palacio, otro gigante.

El mismo José Rafael Pascual Vilaplana escribía hace tiempo “Si he escrito algo, es porque he tenido compañeros que han querido hacer sonar mis notas. Si he dirigido, es por la generosidad de aquellos que han querido tocar conmigo.

Me siento afortunado de depender de vosotros. Gracias por la ternura que me habeís brindado”

Que sean éstas, sus palabras, las más autorizadas y luminosas, para una semblanza y para una lección magistral: El Amor Humano.

En la Sala de Música de Cámara de RiojaFórum, la conmoción.

       A Los Músicos de la Banda Sinfónica de la Rioja
A La Música
A quienes lo hicieron posible
Al Maestro y Amigo José R. Pascual Vilaplana

 Con cariño entrañable y rendida admiración, Gerardo Hernando Trancho.