FUEGO DE PRIMAVERA

Con esa impunidad con que se suceden las cosas del campo, con el poderío con que acontecen los signos vitales del medio natural ajenos al cálculo y al gusto de previsiones y seguridades tan humanas, tan mundanas… llegó el incendio de la Primavera. Sin fuego, sin llamas, sin humo…para este incendio los Retenes Forestales, los Helicópteros y los Aviones del Grupo 43 del Ejército del Aire en Torrejón de Ardoz, no se activaron, no volaron, no abrieron sus panzas volantes para sofocar, ni arriesgaron sus vidas por La Vida…

En las postrimerías de este mes de Abril, lo que se urdía en capas altas de la atmósfera se había fabulado en ignorancia de lo térreo… ni siquiera las bacterias que emanan la geosmina previa a la lluvia se percataron…y el aliento helador del cielo se manifestó con intensidad en una madrugada larga y estrellada.

El sol de la mañana llegó tarde para apagar el fuego de la noche.

Los nogales y fresnos, sabios de tantos avatares y quebrantos, ya habían eludido algunas heladas esta Primavera… y en esa guerra de guerrillas que se traen el Cielo y La Tierra, los árboles quedaron copados y sin rendirse -que no saben huir- ardieron en el silencio de la noche triste.

El devaneo de la climatología se encaprichó de los brotes de nocedales y fresnedas que se habían decidido a traspasar el umbral de la savia incontenible como los hombres de otra Aldea, la del Rocío, se arrebatan para alcanzar tras la reja a su Divina Pastora, y la escaramuza del hielo se hizo guerra abierta en la noche para sorprender la quietud de los árboles y helarles el corazón.

Los aldeanos hablan de vecerías para presagiar cosechas venideras, para acompasar el deseo humano a las realidades de la Creación, para encontrar explicación y acertar previsiones en vano anhelo…

Así que este año, no habrá nueces en el Barranco Regaldía… bastante tendrán los nogales con resucitarse y brotar sus hojas para afrontar un verano que se anuncia seco y volver a una otoñada sin ofrecer el maná tan rico en glucocerebrósidos y en aceites poli-insaturados que alojan las nogalinas.

Los jabalíes y las ardillas y los cuervos no las encontrarán, tampoco, en las praderías que el tardío quiera reverdecer.

-“Ya las hemos cogido” le espeté a un vecino del monte al día siguiente de la tragedia.

Buena lección de educación ambiental es saber guardar las muchas que nos fueron regaladas el otoño anterior y que la bonanza puede resultar preludio de escasez… y que cada una de esas nueces se asieron doblando la espalda una y otra vez y que ya pequeñas o más grandes todas son buenas, que los hay que parece que se alientan año tras año con esa expresión: “bah… hay muchas malas…”

Otra es saber que las que logramos en los otoños propicios, las propiciaron nuestros antepasados que plantaron esos nogales y que muchos lo hicieron sin llegar a quebrar la simetría de la cáscara de sus frutos. Lo hicieron en sabiduría y generosidad para quienes llegábamos. Todavía persiste el día del Árbol en algunos colegios de La Rioja como antaño, clase magistral de humanidad.

Y se recuerda en el Libro de Concejo de la vecina Zaldierna, que a un aldeano se le ofreció el árbol de su elección en la jurisdicción a cambio del álamo que la cigüeña eligió para anidar.

Sí la ira no se gusta en asesinar un árbol en aviesa venganza que algunos malnacidos saben y suelen salar…sólo la helada hace negras las hojas de un Árbol. Es el luto de los árboles en una primavera que volvió a dejarnos sin aliento y mirando al cielo y a su desaire, y en gesto de asombro, tristeza y soterrada desazón.

En el entorno de la Aldea nos faltan las primeras hojas de los nogales y los fresnos que, este año, tendrán que venir después de la marcescencia del Robledal de La Ganchera, que se desprende ya al otro lado del Oja.

Larga es y se hará la Primavera, esta vez. Pero será plena. Lo será esperando a los fresnos y nogales. Y a mi higuera que también se heló.

                                                   Aguacero y viento caliente.
San Antón, 5 de Mayo 2017.

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