BOLETUS DE TEREFTALATO

Postrimerías del Verano y primeros alientos del Otoño en los hayedos del entorno de la ezcarayense Aldea de Turza. Las mañanas son húmedas y frescas en las laderas tapizadas por las hojas fagáceas que no crepitan a nuestro paso por las aguas llovidas escasas y recientes en un estío avaro con agosto sin tormentas de consuelo para el monte y el campo.

Morral, cantimplora, botas y bastón y mi cuchillo guanche, son la indumentaria ligera que requiero para el ambular despacioso que el bosque de hayas gusta y la abrupta orografía de los barrancos, imponen.

Adivino los tálamos de la noche de los ciervos y las hozaduras del jabalí errante se hacen labrantío de tierras que no conocen otra reja que la jeta del suído. Al Arrendajo la intrusión le ofrece excusa para proclamar la alerta general con su estridente y córvido graznido dejándome desnudo y descubierto en medio de los seres que ya saben que alguien es extranjero entre éllos.

Sin embargo, quien sí tiene “carta de naturaleza” es la lata de aceite lubricante de automoción con edad suficiente para ostentar coleccionista condición. O esa rueda de camión en la escorrentía, que “florece” año tras año. Las latas de refrescos, botellas de vidrio, paquetes de cigarrillos, latas de comida…, son otras aportaciones del humano a este paraíso sobrenatural. Vengo, en estos pocos días, a explorar alguna floración de micelios que cierta humedad y climatología me hacían presagiar y en efecto, encuentro una variedad micológica amplia, interesante y exuberante para estas calendas. Entre las boletáceas sí logro algunos Edulis que en ningún caso colmarán la cesta de pieles de castaño que porto y tampoco la expectativa que la norma señala como límite de recolección.

Sin embargo, cualquier ejemplar sano y rotundo es siempre causa de gran alegría.

Como desazón causa la localización frecuente de otras “alhajas” que no diseminan esporada alguna que no sea herrumbre, Bisfenol A… me refiero a cuantos detritos y residuos de “civilización” quedan en el bosque con excusa de cualquier visita humana que tiene lugar. Como la inspiración de este artículo es ambiental y la intención es de educación y sensibilización ambiental, que tengo seguras en la convicción y ejercicio de la mayoría de quienes me leerán, no quiero resultar enojoso en exceso.

Así que en cada incursión llevo a mi espalda esa mochila de lona verde para mi cantimplora, unos guantes y una cuerda y también unas bolsas de plástico, que después de cada andadura habré llenado de inmundicia para  su extracción del hayedo. No cometeré la pedantería de patrocinarme como ejemplo de nada, pero para menos de una docena de boletus que viajan en mi cesta, acarreo durante horas una bolsa grande en cada mano y la mochila a mi espalda repletas de… ¡mierda!

Si fotografío diversos hallazgos botánicos, faunísticos… denuncio también los que allí han procurado otros que cazando, paseando, pedaleando, trabajando, recolectando… llegaron antes que yo. Cuando salgo a la pista arrastro un peso y volumen de mierda que en comparación a los hongos logrados me hacen dudar de cuál era, en realidad, mi ilusión inicial al entrar en el monte.

Hasta tal punto llega mi efervescencia mierderil que lamento no llevar más bolsas o tener más brazo para rescatar al bosque de más porquería que allí quedará hasta mi regreso o el de otros muchos que comparten mi inquietud.

Es así que la familia de policarbonatos, polipropileno, poliestireno, policloruros de vinilo, tereftalato de polietileno (pet), polietilenos de alta y baja densidad…, constituyen la recolecta más notable que obtengo.

Conviene indicar que la normativa general y particular contiene advertencias sobre estas conductas insolidarias,  despreciativas del medio natural y despreciables en su contemplación.

Tanto la Ley 43/2003 de Montes, como la Ley 2/1995 de Protección y Desarrollo del Patrimonio Forestal de La Rioja, como el Reglamento dictado en su desarrollo por Decreto 114/2003 de 30 de octubre, ya disponen que

se deberán mantener los montes limpios de elementos extraños al mismo. Todo visitante o excursionista es responsable de la recogida y extracción del monte de los residuos que origine”  (artículo 76 de la ley 2/1995)

Y que “esta norma será también de aplicación a cualquier actividad autorizada en los montes, como la caza…” (artículo 109 del Reglamento Decreto 114/2003).

La norma tiene la consecuencia de la advertencia de la infracción y su correspondiente régimen sancionador pues el artículo 139 reglamentario en continuidad al 87 de la Ley autonómica, tipifica en su letra “n” como conducta constitutiva de la infracción, “la realización de vertidos de materiales sólidos o líquidos en los montes sin autorización” tasándose las sanciones en función de si se ha producido daño o no y si éste se puede reparar a corto o largo plazo.

El laberinto de previsiones legales y normativas es, muchas veces, insuficiente para el objetivo de la preservación del medio natural. Tampoco resulta herramienta idónea y casi siempre el infractor, cuando resulta sorprendido “in fraganti” mierdericidio -cosa harto difícil para los escasos medios humanos de vigilancia ambiental de que se dispone- quedará impune.

Para los que tenemos convicción ambientalista y naturalista, la mejor y más eficaz actuación correctora es la que cifra en la sensibilización y educación ambiental todo su esfuerzo, sin menoscabo de la vigilancia ambiental y de la aplicación de la norma y del régimen sancionador previsto, como últimos baluartes de la defensa y conservación del común patrimonio natural. Y no hay nada más acertado, como siempre, que la ejemplaridad de las conductas y actuaciones respetuosas con el medio natural, que afortunadamente se van incrementando poco a poco, especialmente en iniciativas de solidaridad ciudadana que así se han determinado.

Es una lástima que desde la norma no se propicien actuaciones valorativas de las conductas respetuosas y beneficiosas y no sólo contempladoras de las infractoras y onerosas para el medio ambiente.

Lo digo porque el imperativo normativo hace referencia en su literalidad a que “todos somos responsables de la recogida y extracción del monte de los residuos que originamos, nosotros” pero no nos es exigible responsabilidad alguna y menos aún, la recogida y extracción del monte de los residuos originados por los otros

Es clara la disfunción. Nosotros podemos entrar en el mismo monte a cazar, a talar y maderar, a recolectar setas, a realizar rutas de senderismo, a fotografiar… podemos usar y disfrutar sin coste o sin pagar precio directo alguno en muchas de las distintas formas recreativas o no en que podemos disfrutar del medio natural. Incluso cuando la actividad autorizada es onerosa y se paga y no poco, por su ejecución, es el caso de la caza, poco o nada de la tasa o impuesto satisfecho revertirá en la evitación o eliminación de los residuos generados con motivo de la misma o de otros usos y aprovechamientos  y que quedan en el monte.

No creo resultar advenedizo si digo desconocer, por inexistentes, actuaciones concretas de las distintas Administraciones competentes y titulares de los terrenos forestales, por ejemplo, consistentes en la limpieza y retirada de la basura que algunos “olvidan” en el monte.

Tampoco es mi deseo la afrenta respecto a muchas iniciativas y eventos, incluso de naturaleza solidaria, deportiva…que se desarrollan generando un montón de basura no biodegradable en su recorrido por el medio natural, y que nadie retira a su finalización.

Así que la retirada de los “excrementos” de unos queda confiada a la sensibilidad y esfuerzo gratuítos de otros que entendemos el medio ambiente, especialmente el medio natural, como algo distinto a un basural.

Y la norma nada determina en sentido de discriminación positiva para quien desarrolla comportamientos con plus de sensibilidad ambiental.

¿Se imaginan que el Decreto 1/2015 de 9 de Enero, por el que se regula la recolección micológica en el ámbito territorial de la Comunidad Autónoma de La Rioja, dispusiera que se podrán recolectar en terrenos no acotados tantos ejemplares de una especie micológica como residuos se acredite haber recogido en el mismo monte en que hemos entrado a recolectar?.

¿O que por cada bolsa llena de mierda ajena se podrá autorizar la recolección de medio kilogramo adicional a la cantidad autorizada de los codiciados boletus?

Bien, con la ingenuidad palmaria de estas propuestas ilusorias, algo más de imaginación le es exigible al legislador para coadyuvar a conductas más respetuosas con el medio natural.

Sólo así estaremos en la línea de progresión del mandato contenido en el artículo 45 de la Constitución Española:

“Todos tienen el derecho a disfrutar de un medio ambiente adecuado para el desarrollo de la persona, así como el deber de conservarlo”.

“Los poderes públicos velarán por la utilización racional de todos los recursos naturales, con el fin de proteger y mejorar la calidad de vida y defender y restaurar el medio ambiente, apoyándose en la indispensable solidaridad colectiva”

Y pronto serán cuarenta años desde que quedó escrito…

Antes de volver a mi casa de Aldea, paso por un punto de reciclaje para depositar los residuos recogidos en los distintos contenedores dispuestos.

Cuando nos hemos deleitado con el sabor de la tierra, el humus y el alma de la hayas de Turza, a mí los Boletus edulis me han sabido aún mejor.

 

        Gerardo Hernando Trancho

Humea el puchero en mi cocina, Enero se postula.
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